lo tengo debajo de mi falda
debajo de mi cama
bajo llave,
donde sólo yo puedo encontrarle.
Le tengo en la palma de la mano
a la vuelta de la esquina
al fondo a la derecha
al fondo de mi taza.
Lo tengo en todo lados,
pero en realidad no lo tengo.
Y tampoco tengo bajo control lo que siento.
Lo que si tengo son estas letras,
que pueden que estén en todos esos mismos lugares,
tan perdidas como yo.