viernes, 22 de noviembre de 2013

Cartas del Horror LaLaurie.

Nueva Orleans, 15 de Marzo de 1823.

Querido desconocido:

            Mi nombre es Marie Borgia Delphine Lopez y Angulo de la Concepción, hija de Don Ramón de Lopez y Angulo, y Marie Macarty Delphine Lalaurie. Entre amistades y familiares, me dicen Borquita.
            Escribo porque tengo que contarle esto a alguien, así desconozca al destinario, o por lo menos desahogarme, en tal caso que nunca envíe la carta. Mis sospechas siempre fueron ciertas, pero nunca creí de lo que realmente era capaz mi madre. Todo comenzó hace algunos años atrás, cuando Lalaurie comenzó a actuar de manera extraña. Pasaba mucho tiempo  sola, nos agredía continuamente a mis hermanos y a mí, nos prohibió hablar y darle de comer a los esclavos, también el subir al ático. Los esclavo se iban de un día para el otro como si desaparecieran, y los que quedaban lucían demacrados. Pero todo empeoró para mí hace semanas atrás, permíteme contarte:
             Era una de esas noches en la que mi madre se lucía realizando grandes banquetes para amistades, conocidos y toda clase de gente importante, ella es una “socialité”, así que estamos acostumbrados a ello. Esa noche yo no me sentía muy bien de salud, quería estar sola, pero había muchísima gente en todos lados. Además, si mi madre me encontraba encerrada en mi habitación y no abajo dando una buena impresión como su hija, quien sabe de lo que sería capaz esta vez. Creí que sería una excelente idea subir al ático, así estaría sola y ella nunca se imaginaría que estaría allí, debido a que no los tiene prohibido.
            Me escapé como pude de los invitados y por supuesto, mi madre. Me apresuré de subir antes de que descubrieran que me había ido. Subí las escaleras lo más rápido posible, evitando encender los candelabros. Abrí la puerta del ático, entré y me escabullí entre la oscuridad. Un olor nauseabundo llegó a mí de inmediato, seguí adentrándome al ático mientras contenía mis ganas de vomitar. En eso encontré una lámpara, agarré algunos fósforos y la encendí. Justo en ese momento mi cuerpo expulso el vómito que estaba conteniendo.
            Allí se encontraban los esclavos desaparecidos, o lo que quedaba de ellos. Algunos mutilados horriblemente, enjaulados, con los labios cocidos, uno que otro pudriéndose a morir, otros suspendidos por el cuello con sus extremidades aparentemente estiradas y rajadas de una extremidad a otra. Al otro lado de la habitación habían órganos, intestinos, ojos, también partes de lo que alguna vez fue un hombre. No pude soportar estar ahí, así que me fui antes de que todos notaran mi ausencia. Desde ese día no he vuelto a subir, tampoco le conté a mi madre al respecto.
            -Borquita.

Nueva Orleans, 17 de Noviembre de 1831.

Querido Desconocido:

            Las cosas han empeorado inimaginablemente, mi madre aún desconoce que yo sé de su secreto. Ahora ella maltrata a los esclavos en nuestras narices, aparentemente no le importa. Hasta la pobre Leah es víctima de sus abusos, es una buena niña, apenas tiene 9 años. Ella poco hace, pero sigue siendo una de las esclavas de mi madre, igual que sus padres.
            El otro día mi madre golpeó a mis dos hermanas menores, ellas estaban dándole de comer a uno de los esclavos. Luego de que las golpeó, las encerró en el cuarto, al esclavo lo azotó en el patio mientras todos veían, luego de eso desapareció, pero estoy segura que lo llevo al ático. Seguro ya falleció, y eso me da mucha lástima.
            También ha hecho otras atrocidades, entre esas, a mi parecer, la peor fue amarrar al cocinero al horno, con cadenas. Él ya se ve cansado y sus tobillos están deteriorados, quien sabe cuánto más aguante. Capaz cuando sea el momento, mi madre lo llevará al ático. Comienzo a creer que quien sube, más nunca vuelve a bajar, por lo menos con vida.
-Borquita.

Nueva Orleans, 25 de Abril de 1834.

Querido Desconocido:

Estos días han ocurrido cosas terribles, comenzaré por contarte lo más ligero, ya que lo otro aún me tiene destrozada.
Hace unos días que la gente comienza a sospechar del trato de mi madre hacia los esclavos, debido a su aspecto demacrado y desdichado, a pesar de esto, en público, es decir, en los eventos sociales, ella se comporta bien con ellos, incluso suele mostrarse preocupada por su salud. De todos modos, la gente ha estado comentando como lucen nuestros esclavos y eso despertó la curiosidad de un abogado local, este vino a visitarnos, tratando de buscar pruebas que demostraran dicho maltrato, pero no encontró absolutamente nada, mi madre se encargó de que así fuese. Él se fue con las manos vacías, tan solo pudo recordarle algunas leyes relevantes sobre el mantenimiento de los esclavos, y eso fue todo. Pero lo terrible ocurrió días después a eso.
Ya te he contado anteriormente sobre Leah, la hija de una pareja de esclavos de la casa. De un tiempo para acá ella se encarga de cepillar el cabello de mi madre. Ese día las cosas no salieron muy bien, por lo menos no para ella. Según mi madre la niña jaló bruscamente de su cabello, pero seguro no era para tomar semejantes medidas. Yo estuve presente cuando mi madre perseguía a Leah por toda la casa para azotarla, hasta que por fin pudo agarrarla, y la llevo al techo de la mansión, donde arremetía contra ella con latigazos. Leah dejó de sufrir, pero no porque mi madre haya parado, sino porque se lanzó. Se arrojó al vacío. Murió al estrellarse con el suelo.
Ahora otra muchacha peina a mi madre, esta tiene miedo porque no quiere terminar enterrada en el patio con quien sabe cuántos  esclavos más, como Leah. Cualquiera tuviese miedo, hasta yo.
-Borquita.

Nueva Orleans, 25 de Marzo de 1834.

Querido Desconocido:

El día de hoy ha sido un total desastre. Mi madre ha huido a Paris, al parecer. Pero yo me he quedado aquí. La gente sigue agitada, y ya la mansión no es un lugar habitable. Por lo menos, ya no habrá más muertes a manos de mi madre.
Esta mañana mi madre estuvo discutiendo con la cocinera, quien esta amarrada al horno al igual que el cocinero anterior. No sé qué fue lo que la señora hizo mal, pero entre tanto alboroto logre escuchar cuando mi madre la amenazaba con llevarla al ático. Ya entre los esclavos se rumoreaba de lo que era ir y nunca regresar de allá. Yo estaba en mi cuarto cuando todo ocurrió, empezó a oler a quemado y se escuchaban gritos. La policía y los bomberos llegaron, apagaron el fuego, evacuaron a todos, mientras hacían eso, encontraron el ático, y el gran terrible secreto de LaLaurie había sido sacado a la luz. No sólo eso, sino desenterraron a todos los esclavos que mi madre había escondido en el patio.
Cuando la cocinera estaba declarando, confesó que ella misma había iniciado el incendio como suicidio, porque ella no quería ser llevada a la habitación del último piso. Ella sigue con vida, y ahora ningún esclavo será maltratado por mi madre, quien ahora está muy lejos de aquí. Ojalá que esté donde esté ningún esclavo esté bajo su mandato.

-Borquita.

domingo, 13 de octubre de 2013

Dejar ir no es una opción.

Siempre se comienza sin saber por donde empezar, por lo menos así me pasa a mi.

     Sucede que necesitaba escribir para remover escombros de todo el desastre que ocurrió entre nosotros, quitar la culpa, limpiar las heridas, dejar del lugar que solías habitar un sitio pulcro, limpio. Entonces, todo esta limpio, pero me doy cuenta que nunca dejaste de habitarlo, sigues allí, doliendo como nunca. Rasgando las paredes, restregando la culpa por todo el lugar y reproduciendo recuerdos, y todo vuelve a estar sucio.

     Me siento como una niña sin hogar, sin lugar seguro, porque tu eras mi lugar seguro. Y no sé a donde dirigirme sin ti, estoy estancada en este abismo al que me arrojaste cuando no me dejaste volver a ti. Aquí todo esta oscuro y no veo hacia donde me dirigo, sin saber que hacer, tu eras mi muro de contención. Pero ya saben, todo pasa, las cosas pasan por una razón, lo mejor es lo que pasa. Y todas esas estupideces que al parecer son ciertas. Después de todo, en los escombros encontré mis defectos, pero también lo mejor de mi, y me siento segura de que soy mucho mejor que antes.

     Al final, no importa que tan lejos me tengas de ti, mi niña esperanzada interior te quiere de vuelta, y ella se columpiará en tu olvido hasta que regreses. Ella esta perfectamente abrigada para el frío lugar de tu espera, y no pasa nada, yo también me acostumbraré.

     No sé dedicarte estas letras sin decir que te esperaré, porque si no lo digo, me estaré mintiendo a mi misma.

"El truco esta en dedicarle todas tus letras hasta que se de cuenta que eres la indicada."
     Igual lo iba a hacer.

martes, 23 de julio de 2013

Ensayo literario: Las letras no mienten.

     La poesía se originó en los pueblos orientales, en ese momento surgió esta noble forma de expresarse y pintar los sentimientos, el poeta era visto como un creador absoluto, que incluía la dura realidad externa y sus emociones afectivas para crear una imagen diferente del mundo. La poesía desde esos tiempos estaba cubierta de honestidad, exponiendo el alma del poeta en papel, en realidad. ¿Por qué la poesía nos lleva a ser honestos? Simple, porque la poesía nace de nuestros más profundos sentimientos, por ende cuando las letras se asoman a la superficie vienen cargadas de honestidad.

     Expresión artística de la belleza por medio del verso, eso es la poesía, mejor conocida como un simple género literario, referirse a ella de ese modo es desacreditarla, no darle el puesto que se merece. La poesía es como una mujer, delicada, sutil, hermosa. Escribir es expresarse con el corazón en mano, de este modo ella nace de la verdad. Como ejemplo tenemos a aquellos poetas que dedican  versos a sus amores, de este modo no podemos pretender que algo que surge directamente desde sus sentimientos sea un engaño.  

     Desde hace mucho tiempo la poesía se ha utilizado para adornar y embellecer historias ficticias y de todo tipo, Homero fue uno de ellos en la realización de las historias de Dioses y seres inexistentes. Esto conllevó a que Platón sometiera a crítica su poesía, refiriéndose a ella como deshonesta, "no puede ser que la utilicen para educar, cuando está llena de mentiras". La única poesía ubicada como deshonesta es aquella en la que no están los sentimientos de por medio, se suplantan los sentimientos por imaginación.

     El amor será eternamente proveniente de: la verdad, la honestidad, la lealtad. El amor no es solo deseo o pasión hacia una persona, siempre ha sido más que eso, se puede sentir amor por lo que sea, al igual que se puede escribir poesía de lo que sea. La honestidad siempre fué algo que persistió en nuestro ser, lo hizo y lo seguirá siendo, aunque sea difícil de emplear frecuentemente, siempre tenemos nuestro momento de ser sinceros, de hablar con la verdad, de demostrarla, y la poesía es la mejor forma de hacerlo. Así como lo dijo Platón, la poesía debe ser buena, real, verdadera, ya que esta va forjando el alma, el temple.

    Una vez, no hace mucho, solía fotografiar a las plantas, las flores, a la naturaleza en sí, de este modo fui sintiendo una especie de afecto a ella. De un momento para otro la naturaleza se había convertido en mi musa, inspirándome todas las noches, haciéndome dedicarle cada una de mis letras. Podemos concluir que las letras de una manera u otra saldrán a la luz a través de todo aquello que sentimos, lo que sentimos siempre será real, por tanto lo que escribamos por medio de nuestros sentimientos eternamente será sincero y honesto.

Con la colaboración de: Nathaly Gonzalez

lunes, 8 de julio de 2013

Yo nunca...

Yo nunca he dejado mi café para responder a tus llamados.
Yo nunca he sentido calma al escuchar la melodía de tu voz.
Yo nunca he arreglado mi cabello por verte en el camino.
Yo nunca he sido transparente a tus dudas.
Yo nunca he soñado con el edén de tus ojos.
Yo nunca he mencionado tu nombre a mis paredes.
Yo nunca me he desvelado para posicionarte en las calles de mi mente.
Yo nunca he sufrido por los hallazgos de tus letras.
Yo nunca he sido fiel a los te quiero guardados en tu bolsillo. 
Yo nunca me he quebrado al ver tu sonrisa apuntando en otra dirección.
Yo nunca te he buscado en el desorden de mis sentimientos.
Yo nunca he pensado en pertenecerte en cuerpo y letras. 
Yo nunca he soñado con perderme entre los lunares que decoran tu espalda. 
Yo nunca he fantaseado con tus labios rozando los míos.
Yo nunca me he desmoronado ante la idea de que no me necesites como yo a ti.
Yo nunca he querido congelar el tiempo cuando nos abrazamos.
Yo nunca he juntado nuestras iniciales en la última hoja de mi cuaderno. 
Yo nunca he sentido mariposas en el estómago al verte caminar en mi dirección. 
Yo nunca he sentido que repito tu nombre cuando escribo poesía. 
Yo nunca he tenido que controlar las ganas de besarte cuando me hablas.
Yo nunca he hallado tu nombre oculto en mi inspiración.
Yo nunca he abrazado a mi almohada en las noches de insomnio imaginando que eres tú. 
Yo nunca he pensado que eres demasiado perfecto para ser real.
Yo nunca he querido recorrer los caminos en tu cuello que conducen a tus labios.
Yo nunca he deseado encontrar los besos que no me has dado.
Yo nunca he sentido como se forma un vacío en mi estómago cuando te alejas de mi lado. 
Yo nunca me he dedicado a convertirte en palabras.
Yo nunca te he mencionado entre sueños. 
Yo nunca he confundido el paraíso con tu compañía.
Yo nunca he suspirado al escuchar tu nombre.
Yo nunca me he perdido en el intento de contemplar el café que inunda tu mirada.
Yo nunca he soñado con enredar nuestros cuerpos bajo las sábanas.
Yo nunca he caído ante el miedo de no ser suficiente para ti.
Yo nunca he dejado el sueño de lado para pensar en una vida entera juntos.

 Ojalá fuera más sencillo creer todo esto, aunque sea un poco, pero lamentablemente no soy buena mintiéndome a mi misma. Es tan difícil ocultar mis debilidades cuando tú eres una de ellas. Desearía poder mentirte de frente e ignorar todo lo que provocas en mi, aunque esté consciente de que lo único que realmente sé es que yo nunca he dejado de quererte ni por un segundo.


Escrito por:

domingo, 30 de junio de 2013

Muy en el fondo.

El dice estar aquí, pero la verdad es que lo está muy lejos.

Y yo estoy en el fondo, hace frío, esta oscuro. A él no le importa si me ahogo, si eso sucediese el me daría respiración boca a boca al volver. Solo si no es muy tarde.

Ficción.

Esta enojada, le duele. Siente como todo viene desde adentro, lo veía venir, sabía que siempre estuvo ahí. Su mano era un buen lugar para que la sangre corriera, sentía su temperatura, su mano empuñaba un cuchillo y este estaba contra el estómago de alguien, y ese alguien en esos momentos era un desconocido. Un desconocido que sentía como todo se venía abajo, el ya no sentía dolor, solo estaba desconcertado.

Ella estaba fascinada por como la sangre hacía su recorrido hasta llegar al suelo, como se quedaba ahí, como se esparcía. Retiró el cuchillo mientras mas sangre buscaba salir. El cuerpo se desplomo haciendo lugar en el suelo, ella soltó el cuchillo y el sonido al caer le hizo reaccionar.

Ella sabía lo que había hecho y le gustaba como se veía, la sangre como pintura, el suelo como lienzo, el cuerpo una escultura, era una obra de arte, para ella lo era. Miró a su alrededor y notó que ahora su hogar se veía mucho mejor. Sonrió y se retiró a su habitación, era hora de descansar.

viernes, 1 de marzo de 2013

No sé.

Se supone que al escribir, las letras no deben forzarse, deben fluir solas, pero estoy tan empeñada en encontrar las palabras correctas para darle el significado correcto a todo, y así el sienta lo que estoy sintiendo al escribir esto. Las palabras nunca serán suficiente, pero hago el esfuerzo para encontrar las correctas y que lo sean, por lo menos el intento. Escribir puede que sea sencillo, hacerlo para él... no tanto, debido a que quiero que las letras sean suficientes para el, quiero que sonría al leerlas, quiero que me lea y sienta que esto durará por mucho tiempo, porque eso quiero, escribirle por mucho tiempo.

Ustedes no se dan cuenta, no lo saben porque soy yo quien lo ve a los ojos, quien se siente segura a su lado. Su mirada, sus ojos, no sé, he estado ahí y en otros lugares, pero ese es mi favorito. Allí me siento segura.

Él es mi casita del árbol, el lugar debajo de las sábanas cuando somos niños y tenemos miedo, la luz cuando le tememos a la oscuridad, el alivio después de una preocupación, la calma después de una tormenta. Tenerlo es como tener una casa con vista al mar, un lugar sereno, tranquilo.

Con el me siento tan cómoda como si lo conociera desde hace una eternida, como si llevase todas las noches de mi vida durmiendo debajo de sus brazos. No importa el lugar, no importa la hora, su compañía es suficiente para hacerme creer que no hay peligro alguno.

Y no lo hay, porque estoy a su lado, y ese es mi lugar seguro.